miércoles, 7 de noviembre de 2012

Lua

Simplemente he de dejar volar mi mente. Olvidar el ritmo frenético de las calles, las luces, los ruidos, las palabras huecas que vuelan atrincherando a las que pesan demasiado. Esas que gentes corrientes amordaza en los labios con tal de no provocar rachas de viento demasiado intensas como para no poder contarlo...como para no ser capaces de agarrarse al último resquicio de realidad que puedan atisbar entre mares de supuestos e infortunios. Pero te convertiste en mi lado más irracional. En el empuje que necesitaban mis temores para desaparecer por la ventana que abriste sin darme cuenta. Aquella por la que se cuela la luna cada noche para recordarme que ahí estás... aunuqe lejos. Demasiado lejos como para tocarte...Aún así sigo mirándola cada noche e imagino que son tus ojos, que es tu boca. Que esa sensación de desaparecer, de volar, de congelar el paso del tiempo, de no poder apartar la mirada que me produce, eres tú.

Esas noches apostada en la ventana, se suceden con el café de buena mañana. Sé como te gusta tomarlo. Tú también sabes que me gusta demasiado. Mucho café y poca leche. También sabes que lo mejor para acompañarlo, es que estés a mi lado. Que te sientes conmigo, viendo pasar los minutos, pero como siempre, a nuestro modo. Que las caricias marquen los segundos. Que los besos dicten los minutos y que los suspiros dibujen las horas.

Hagamos un trato. Seguiré tomando cafés fríos, hasta que te tenga al lado. Entonces te tocará a tí no separarte de mi... Aceptas?

jueves, 4 de octubre de 2012

Nada más lejos.

Eempiezo a oir un leve rumor, que dice venir de muy lejos. En un momento dado parece que esté a punto de alcanzarme. Pero sin más explicación, retrocede y lo pierdo. El prácticamente inaudible crujir de los recuerdos intenta resonar en los tímpanos, en la cabeza, en las manos sudorosas y los pies fríos. El reto consiste en anticiparse al invierno. En tener listos los guantes antes de tener las manos cortadas.

Debería barrer de nuevo cada rincón y reencontrar aquello que di por perdido. Tal vez sea aquello que da miedo, pero que al fin y al cabo, te hace más fuerte. Como sobrellevar el paso de las horas y los días, sin tener la sensación de volver a estar en esas habitaciones frías donde me vi encerrade sin llave ni carcelero. A pesar de haber recorrido cada esquina y resquicio donde cualquier nimiedad se me podría pasar por alto, parece ser que no fuy lo suficientemente exaustiva y observadora. Un pequeña pelusa habita un rincón oscuro. En esta habitación no hay ni un solo mueble que distraiga la vista de la más sincera Nada. Pero aún así, ahí está. La incansable mecánica de la pelusa haciendo su trabajo en contra de los bucles incesables de los tic-tac, de las luces en las calles, de los papeles deshechados, de las noches ambiguas y las lunes lejanas. De las miles de historias que se escribieron culpándola de martirios nocturnos y días pesados. Del frío más embriagador y la soledad más punzante.

Pero ahora es algo más que personal. La mecánica de la pelusa fue el nombre que le di a todo un cúmulo de penurias y pensamientos retorcidos. De recuerdos que deseaban ser olvidados y años de represión. Pero como he dicho, eso es cosa mía. No dejaré que nada se interponga entre nuestro baile de cuchillos y signos de exclamación.

Esta guerra, es mía.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Bañeras ajenas.

De nuevo, enciendo un cigarro. Parece que este tipo de situaciones se conocen como el momento en que decides hacer una pausa de unas cuantas caladas para evadirte, hasta que se consuma. He hecho la prueba, creo que demasiadas veces. No puedo decir que haya encontrado la solución para dejar de escuchar mis propios argumentos, intentando convencerme de que esa sea la manera correcta de encerrar todo aquello que provoca huracanes y tormentas. Todo lo que da pie a encerrarse en el sótano o meterse en la bañera dejando pasar las horas esperando a que los fuertes vientos amainen, salir a la calle de nuevo y volver a empezar de zero. No quiero decir nada de eso, en absoluto.

Tengo la vaga sensación de, en aquel primer párrafo lejano, haber perdido mi punto de referencia y la línea de meta. Esta vez no sé si quedará más claro lo que quiero, no puedo, pero intento, llegar a decir. Intentaré ser concisa, escueta, directa, literal y objetiva. Moderada, correctra, reflexiva, intensa y madura.

Bien, ahora, igual que suelen decir, a la tercera va la vencida. Solo venía a decir que en mi habitación hay una cama, un armario, una mesa y un par de estanterías. Mucho desorden, ruido cuando irrumpo con gritos e historias y cojines por el suelo. Humo viciado a pesar de tener la ventana abierta 24 horas, colores rallados y lejos de escalas cromáticas complejas.

Cuarto párrafo. Sigo sin decir nada. Esta historia no tiene tema, no tiene argumento, no tiene sustento ni personajes más allá de una piedra de mechero gastada.

Espero que ustedes hallán quedado al menos desconcertados, dado que la satisfacción en estos momentos es algo que se me escapa. No habrá próxima vez, no volveremos a vernos. Ésta dicen que no soy yo.

martes, 12 de junio de 2012

Historias de la chica descalza.

Eran las cuatro de la tarde. Tal vez el escenario fuese un salón decorado con muebles viejos y un televisor lleno de polvo. Todo en penumbra. La poca luz que se adivinaba, se filtraba entre viejas cortinas de colores inesperados. Digo tal vez, porque al mismo tiempo se respiraba el aire caliente del desierto y la sensación de asfixia no cesaba ni con la suave brisa que hacía bailar sus mechones de pelo enmarañado. Iba descalza. Sus dedos se contraían de igual modo como si estuviese pisando baldosas frías. Aun así, ella notaba la arena árida rodeándola a cada paso. Se dirigía lentamente hacia otra supuesta habitación. Esta vez consistía en el mas gélido de los parajes. Unas sábanas gastadas hacían a la vez de olas cargadas de misteriosas criaturas y de mantas cuando caía el sol. Una mesita al lado del colchón chirriante, confería al espacio un pequeño atisbo de que allí dentro algo habría que guardar. Y a su vez, de que realmente no se trataba de una llanura de hielo desolado, abatida furiosamente por rachas de viento inagotables. Al otro lado delante cama, se adivinaba una silla de color quejumbroso, sepultada bajo toneladas de nieve y ropa. A su vera, se encontraba un armario de aquel mismo extraño color, haciendo el papel de iceberg en medio de la nada. El único instante en que la vista reposaba sobre algo que no fuese de colores fríos y distantes, era un pequeño cuadro, situado en medio de una pared desnuda. Éste no simbolizaba nada más que un estrecho refugio de los colores gélidos y desafiantes. Volvamos a ella. Entró en su Siberia particular. Completamente personalizada en su día. Pero quién sabe cuando fue aquello. De nuevo, sus dedos volvieron a quejarse al tacto de las baldosas. Pero esta vez, el escalofrío se extendió a todos los recovecos de su piel. Amortiguó la ventisca, que al cerrar la puerta se produjo, cubriéndose la cara con ambas manos y agarrándose al suelo, hasta casi romperse las uñas. Pasaron minutos interminables, disfrazados de horas inexpugnables por cualquier otro entendimiento. Llegado el momento en que el sordo rumor del frío caló sus huesos, tuvo que huir de aquel intrépido lugar. Una vez más, los pies descalzos rozaron el suelo. Pero esta vez discurrieron las frías montañas y el árido desierto, como si de una pluma al viento se tratase. Abrazó su abrigo y las llaves, y la chica descalza alcanzó el duro asfalto de la jungla helada, el bosque enardecido y la realidad bajo sus pies desnudos.

lunes, 14 de mayo de 2012

60 segundos

Cómo decir que echo de menos tus manos cuando siento el simple aire recorriendo mis dedos. Cómo decir que bailas en mi cabeza cada dos por tres. Cómo explicar ese nudo en el estómago cada vez que pasan esos 60 segundos antes de gritar. Cómo entender una tarde sin nada que hacer y la distancia. Cómo asimilar el silencio de las horas muertas...

Nunca dije que supiese explicarme, entenderlo ni reaccionar. Nunca pensé en el vacío de las sábanas. Nunca escuché una voz tan dulce. Nunca acepté lo imposible.

El libre al bedrío cada día tiene menos sustancia. Solo puede explicarse con la irrefrenable mecánica de la pelusa chirriando a cada paso, haciendo lo posible por frenar los centímetros que la separan de tus besos.

sábado, 14 de abril de 2012

Baila conmigo.

Acerco el odio a las paredes para intentar rescatar un atisbo de luz. Mi única ambición queda reducida al secuestro de un antiguo recuerdo, al encuentro de esas notas que armonizan con el aire que oprime esta habitación. Pasan por delante de la retina el vaivén de las pestañas. Los pulmones vuelven a llenarse y suena de nuevo el bucle del tic tac. Podrías tener la sensación de haberlo dejado de oír. Perder el control de aquello establecido hace demasiado tiempo como para tirar de la cuerda y rescatarlo de nuevo, con el fin de reanudarlo más tarde con un nudo nuevo. Tal vez sea el que ate las ráfagas de viento o fragüe el cemento de estas cuatro paredes. Como ya se contó en su momento, ha pasado demasiado tiempo desde que se empezó a enmarañar sin que nadie fuese capaz de controlarlo.
Poco a poco parece surgir un tenue rumor entre las manchas del gotelé. Suena tan anómalo en esta calma, que si hubiese sido el grito más desgarrador que hubiese existido jamás, lo hubiese acogido igualmente en mis brazos cuarteados. Lo recorrí de arriba a abajo. Le di mil vueltas y no pude apartar la mirada. No me importó si pensó en mi falta de modales ni en lo molesto de mi descaro. La primera gota de lluvia después de soportar durante varios días, un cielo plomizo y cargado de historias que parece no estar dispuesto a regalar. Así fue el retumbar sordo de mi corazón demasiado pegado a la pared maciza. De aquel modo extraño, un grito envasado rehizo el camino a través de mi garganta y cuerdas vocales hasta un lugar desconocido, para nacer en mis oidos sordos de nuevo.
Aquí no hay ventanas ni un solo resquicio por el que se pueda colar algo parecido al viento o al aire que intento describir con tanto ímpetu. Puede ser la imaginación revolviéndose entre golpe y golpe en esta caja vacía. Será ella la que trepa hasta mis ojos para despertarme, hasta mis labios para hacerme reaccionar y hasta la oreja para susurrarme, muy bajito, historias para no dormir. Me roba el sueño, al fin y al cabo. De todas formas, gracias. Eres la pequeña semilla recogida de una lágrima olvidada. Eres la que al final de cada despedida me da las buenas noches, y yo soy la que te recuerda con una sonrisa, que necesitaré besarte para dar por concluidos nuestros bailes pautados cada tic tac. Sabes que ahí fuera, más allá de esta habitación, me espera la luna para que baile con ella.

domingo, 8 de abril de 2012

1999


Hasta aquí llegó el ritual
de enfados y canibalismo estúpido.
Son demasiadas horas en vela
y nada que decir.

Descansamos nuestra espalda
en las persianas bien cerradas,
tú y yo anémicos
y a cada parpadeo calmado
intentamos dormir.

Terapias mal llevadas sin nadie
que mediara por dos histéricos,
mis gritos envasados al vacío
reventaron al fin.

Y ahora congelo cada instante
sabiendo de antemano
que son los últimos
la noche en que el noventa y nueve
llegó hasta abril.

viernes, 16 de marzo de 2012

Historias para no dormir.





No sé exactamente como empezar esto. Sé que tengo mil cosas rondado por la cabeza. Realmente, creo que el problema es ese. Son demasiadas a la vez, sin orden ni concierto. Apuñalando la razón y el entendimiento. No puedo acabar de ordenarlas ni diferenciarlas. Aún así, lo que está más que claro, por mucho que quiera esconderse para intentar no hacer daño, es que te necesito aquí, conmigo, ahora. En la cocina, en mi cama, en mi espacio reducido, pero suficiente para las dos. Sin más, no necesito otra cosa. ¿Qué más dan las cosas banales que no hacen otra cosa que ocupar rincones rebasados de historias para no dormir?
Más clara que nunca te dibujas y te adivino en mitad de las noches. Todas y cada una de ellas apareces sin que te tenga que esperar. Tú tal vez sí que me esperes a mi. Y es algo que no puedo soportar. A partir de las 12 necesito aparecer por la ventana y mirarte, aún sabiendo que estás demasiado lejos para poder tocarte aunque sea con la yema de los dedos e imaginar que te puedo robar y guardarte cerca de mí. Aún intentado entender el porque, no hago otra cosa que buscarte e intentar separarte del resto de circunstancias que acehan en los callejones de esta ciudad maldita.

Hacía tiempo que no te escribía, que no te intentaba definirte con palabras torpes y llenas de faltas de ortografía. Me da igual. Ahora lo único que cuenta es que pasen las horas hasta que pueda volver a encontrarte.

Hasta esta noche.

lunes, 13 de febrero de 2012

Arual

Estoy en clase. Corrijo, no lo estoy. Solo me hago notar, cuando la profesora se me queda mirando con cara de no entender en que lugar me encuentro, a donde he ido a parar.
Cada vez que me despierto para empezar un nuevo día, siempre lo hago con la incertidumbre mundana de no saber qué depararán las horas. Pero esta semana comienza de una manera diferente. Sé qué pasará esta tarde, puedo imaginar qué ocurrirá el miércoles, y aunque no quiera, vislumbrar las consecuencias del sábado. Aunque pueda tener por cierto qué pasará en breves, lo que desconozco por completo es donde estaré yo. A donde irá a parar mi cabeza. En qué agujero esperaré encogida hasta no sentir las piernas para salir corriendo.
Creo que odio pararme a pensar en estas cosas, que al mismo tiempo me martillean sin cesar en todo momento. Estoy prácticamente convencida de que soy capaz de garantizarme la memoria selectiva como vía de escape. Esto funciona siempre y cuando siga pasando desapercibida y no pretendan estrujarme hasta escupirlo todo.
No sé donde iré a parar ni en que condiciones. No sé ni siquiera acabar esto siendo mínimamente positiva.

viernes, 3 de febrero de 2012

Presoner

Deserts d'amics, de béns e de senyor,
en estrany lloc i en estranya contrada,
lluny de tot bé, fart d'enuig e tristor,
ma voluntat e pensa caitivada,
me trob del tot en mal poder sotmès,
no veig algú que de mé s'haja cura,
e soi guardats enclòs, ferrats e pres,
de què en fau grat a ma trista ventura.

Eu hai vist temps que no em plasia res,
ara em content de ço qui fai tristura,
e los grillons lleugers ara preu més
que en lo passat la bella brodadura.
Fortuna vei que ha mostrat son voler
sus mé, volent que en tal punt vengut sia;
però no em cur, pus han fait mon dever
ab tots los bons que em trob en companyia.

Car pren conhort de com sui presoner
per mon senyor, servint tant com podia,
d'armes sobrat e per major poder,
no per defaut gens de cavalleria.
E prenc conhort quan no puc conquerir
haver en res sens que treball no senta,
mas d'altra part cuid de tristor morir
com vei que el món del revers se contenta.

Tots aquests mals no em són res de sofrir
en esguard d'u qui el cor me destenta
e em fai tot jorn d'esperança partir:
com no vei res que ens avanç d'una espenta
en acunçar nostre deslliurament,
e més que vei ço que ens demana Sforça
que no sofir algú raonament,
de què llangueix ma virtut e ma força.

Per què no sai ni vei res al present
que em puixa dar en valor d'una escorça,
mes Déu tot sol, de qui prenc fundament
e de qui fiu, i·z ab qui mon cor s'esforça;
e d'altra part del bon rei liberal,
qui em socorrec per gentilesa granda,
li qui ens ha mès del tot en aquest mal,
que ell me'n traurà, car soi jus sa comanda.

Tornada

Reis virtuós, mon senyor natural,
tots al present no us fem altra demanda,
mas que us record que vostra sang reial
mai defallí al qui fos de sa banda.

lunes, 30 de enero de 2012

Fuga

En esta habitación pequeña, oscura, asfixiada, has conseguido volver a meterme. Me obligaste. Me arrastraste. Me desarmaste. Me robaste la llave. Lo conseguiste, enhorabuena. Volver al ritual de arañazos y gritos ahogados. Esta toda acolchada. No hay nada más. Protegí las paredes hace tiempo. Pero ahora mismo, lo único que pretendo es arrancarlo a tiras. Desnudar de nuevo las paredes y conseguir huir.
Esta vez, he sido mucho más rápida. Hace tan solo un par de latidos que me encerraste aquí, y ya he descubierto que te has llevado la llave. Poco a poco mi cabeza va relajándose, y mi reloj a ralentizar las horas y después cada minuto se convierte en una nueva hora. Así va. Poco a poco. Y así seguirá haciéndolo. La verdad es que sé que no faltará mucho para volver a bombear sangre de una manera extraordinaria, mi cabeza a dar vueltas, y yo a gritar en la oscuridad. Otra vez. Se vuelve a doblar la misma esquina de la página. Vuelvo al capítulo que ansiaba terminar de una vez. Sigo viendo los mismos personajes con sus personalidades inacabadas. Sigo de testigo ante el espectáculo de los conflictos ajenos. Como en una historia. Como en un cuento. Como en las historias que oíamos de niños. Como en un folleto en el parabrisas. Como un pañuelo olvidado en el bolsillo, con un número de teléfono perdido. Pequeños momentos de simulada flexión por parte de la realidad. De la objetividad. De lo que abarca este momento y el tiempo. Más allá de cerraduras y trampas por la noche. Ajeno a las llaves y los códigos. Mucho más lejos que mi habitación, las tres de la tarde y nuestros sueños desquiciados.
No sé, tal vez consiga salir de aquí. Todo dependerá de si tengo un sitio al que ir...o no.

martes, 3 de enero de 2012

Volver a empezar no siempre fue tan tóxico.

Empezamos otros 365 en los cuales cualquier cosa puede pasar. Donde otras mil pueden no suceder. Donde nos  volvemos a encontrar como al principio. Cuando no se sabe como depertarás cuando al día siguiente volverá a sonar el despertador. Cuando no puedes predecir cuales serán las sorpresas que el sol sobre tu cabeza te harán descubrir, ni en las cosas en que la luna te hará pensar. Si encontrarás en qué ocupar tu tiempo. Algo verdaderamente importante como para poder decir, dentro de esos nuevos 365 días, que nada más importó que lo que tu cabeza loca logró dejarse llevar, y hasta donde llegaron tus pies dando un paso detrás de otro, simplemente avanzando sobre las horas, hacia aquel lugar que creiste oportuno. Tampoco se sabrá decir si fue realmente el lugar adecuado ni el momento preciso. Simplemente nos volveremos a plantar ante copas y vestidos caros. Ante caras desconocidas, pero que aún así, en un momento de supuesta plenitud, serás capaz de besar por celebrar el final de otro año en el que sobreviviste o al menos lo intentaste.
De todas maneras, el ser humano es increible. Tan pronto puede estar dedicándote la sonrisa más sincera, que las lágrimas más inhospitas. Las anécdotas más increibles y los recuerdos más devastadores. Lo único que realmente necesitamos es otra mirada cómplice que te pueda decir "Estás en casa". A partir de ese momento, cualquier reloj apretado por las prisas y la rutina desaparece. Cualquier argumento que te pueda dar ese supuesto tiempo futuro, queda suspendido por unos segundos, y eres capaz de salir a la calle diciendo "Camino es el que se hace al caminar. Volveré y podré echar la vista hacia atrás sabiendo que pueden haber mil derroteros por los que escapar, pero siempre podré volver a casa y sonreir de esa manera extrañamente feliz."
Feliz incertidumbre a todos.