martes, 2 de agosto de 2011

¿Tú?

Abre las manos. Cierra los ojos. Deja que simplemente choque contra el frente de nubes y la poca agilidad que le quedan a tus piernas para salir corriendo. Siente, únicamente siente, como el viento es capaz de irradiar cuanto no te atreves a pronunciar con las escuetas palabras que tu entendimiento considera oportunas para afrontar la larga cadena de ideas absurdas que vislumbras desde tu balcón. Desde donde es imposible que impere otra cosa que las situaciones imprevisibles de los buenos días del sol, y las buenas noches de la luna. De lo absurdamente irreconocible ante un espejo. Las miradas de desconcierto de algo que pretenderás describir como los márgenes que le dejas a la improvisación. Como las resignadas limitaciones que cuentan las pupilas que se encuentran en un último baile a media noche. Porque realmente, cuando despiertes, cuando llegues a reunir el valor para descubrir el tupido velo que nubla quién verdaderamente grita dentro de ti,... será cuando ambos, tú y tú, digais buenas días, sabiendo que buenas noches sabrá llegar.

miércoles, 20 de julio de 2011

Ingeniería aeroespacial

Sí, puede ser que un día se me ocurriese la insensatez de intentar persuadir una flor, de saludar al sol cada mañana. De que una corriente de viento, no se llevase la sábana que colgaba de la cuerda sin pinzas. Pude haberle rogado al tiempo que se parase en el mismo instante en el que el mundo decidió dejar de girar. Haberle suplicado de rodillas a las hojas del calendario que no pasaban, si no cortando.


Pude haber perdido cristales del espejo, y derrochado jabón bajo la ducha, a la vez que litros de agua salada. Pude corromper al más tímido de los ratones que roían la mecánica.



Pude dejar libres las alas de las hojas secas, y hacerlas aterrizar en charcos de barro. Pude robarle la fuerza a la primavera, y pretender hacerla encajar entre dos ejes oxidados.

 No, simplemente entró la curiosidad por la oreja derecha, e hizo cosquillas en el reloj olvidado, viudo de la pauta de como llegar a las doce, y no retroceder.

miércoles, 8 de junio de 2011

Crit

Que sone la música, que s'apaguen els llums, i puje el teló! Deixem-nos de perjudicis, i obrim els ulls davant d'una gran massa de sentiments daurats com la nit estrelada, que s'alça sobre els nostres caps!
Iluminem les nits fosques amb idees revolucionàries i pintem mil i un murs de colors a l'atzar.
Passem les mans per indrets prohibits, tocant tan fort, que ens senten pel món sencer, sense deixar un racó mut.
Acabem amb els problemes amb l'actuació estelar de la guitarra i la veu, esgarrifant l'intimidació, les mentides i la por.

viernes, 25 de marzo de 2011

Daltoniana

Sin más. Sin esperar la lectura. Sin esperar la respuesta. Sin esperar a que lo diga. Sin esperar a nada. Sin esperar a nadie. Sin esperar a la espera. Sin esperar que amanezca. Sin esperar que el sol deserte. Sin esperar tener que hacerlo. Sin esperar lo implícito. Sin esperar el momento. Sin esperar el desánimo. Sin esperar la marea. Sin esperar la sed. Sin esperar las lluvias. Sin esperar secarme. Sin esperar llegar. Sin esperar la invitación. Sin esperar la huida de la ilusión. Sin esperar que vengas. Sin esperar que acabes de irte. Sin esperar la intoxicación. Sin esperar el antídoto. Sin esperar el diagnóstico. Sin esperar la previsión. Sin esperar al porqué. Sin esperar al aire. Sin esperar a encontrarlo. Sin esperar al márgen. Sin esperar al sentido. Sin esperar a la certeza. Sin esperar a la organización. Sin esperar a la coherencia. Sin esperar a releer. Sin esperar la estética. Sin esperar la neutralidad. Sin esperar la falta de implicación. Sin esperar lo mismo. Sin esperar la compresnsión.
Un cielo del color del que lo pintes: Sujestión. Interpretación.Análisis. Catástrofe personal. Ojos de gato. Miradas de Luna.
La mecánica de la pelusa.

lunes, 7 de marzo de 2011

Show must go on

Empiezan a desaparecer, como cada noche. A partir de la hora clave, dejan reposar los párpados y desconectan del exterior. Yo me quedo. No hay facilidad. No hay experiencia. Como necia principiante, me quedo despierta, haciendo rodar hojas por mi cabeza. En el momento destinado a ser inesperado, apareces. Pretendí ignorar el sobresalto, y la aceleración del ritmo de mi reloj. Al final, las manecillas escribieron, y dejaron que los segundos y los minutos llegasen al orgasmo. Entretanto, explosiones incendiarias enardecían mis ideas. Justo, en el polo opuesto, la precaución permanecía agazapada, preparada para salir a escena en cualquier momento. Nos encontrábamos en momentos difíciles, en polémicos territorios, a horas intempestivas. Y lo único que se nos ocurrió, fue dedicarnos a jugar al pocker.
Apostaste el mar, y gané la playa. Empeñé mi Luna, y perdí las estrellas. Se oyó como saltó el seguro de una pistola. Como una exhalación, la precaución y la excitación saltaron a la vez sobre ella. Fue cuando los amantes se dieron una carrera mientras se vestían y hacían la cama; y en el mismo momento la pistola fue vaciada en cualquier dirección, sin ton ni son. Una de las balas atravesaron la camisa de Uno, y se desvaneció en las sábanas recién acomodadas sobre el colchón. Pero Una no se dio cuenta. Salió huyendo tan rápido como pudo, en cuanto escuchó la recámara. No era la primera vez que era espectadora de un tiroteo. Así fue que corrió y corrió, hasta llegar a ninguna parte. Una vez allí, se percató de que Uno se había quedado atrás. Cuando empezó a rehacer el camino, una manada de pilas gastadas la arrastró hasta el día siguiente.
__
Pasó la Hora esperando a que su marido el Reloj volviese de la reunión de negocios que tenía, con el director del nuevo espectáculo que tenía pensado ofrecer en su burdel, con la colaboración de los segundos y los minutos. Aquello siempre evocaba en sórdidas demostraciones lascivas y desvergonzadas por parte de los actores.
EL día del estreno, entre acto y acto, fue cuando Una entrevió unos zapatos tras el telón, que descubrió como los de Uno "¡No está muerto!". Saltó de la silla, se encaramó a la tarima y se coló en el backstage. Allí estava él. Cuando se le acercó por la espalda, y lo abrazó, no obtuvo más respuesta, que una sacudida de hombros y una huida por el lateral del escenario, hacia la salida trasera.
Llegados a este punto, muchos dictaminaron sentencia a favor de la cobardía de Una al no salir detrás de Uno. Otros, un tanto peculiares, excusaron su conducta en la preservación de sí misma.  Nadie le preguntó a Una. En realidad, si alguien lo hubiese hecho, no hubiese sabido qué contestar.
__
El espectáculo culminó con una orgía de dramaturgos y espectadores.
Y el final de esta historia solo son capaces de escribirlo las partículas evaporadas de tus recuerdos, al evocar ese momento en que dejaste los pies quietos.

Tic - shh

Son las 23:59 : Prepárate. Ata bien la máscara. Enmarca los ojos, y encájalos en los dos resquicios que te deja el cartón para ser medianamente consciente de aquello que se aventura ante ti.

Las 00 : Ya ha empezado. No hay marcha atrás. Las agujas reinician el principio del fin. Siguen girando. Hacia delante, hacia atrás. No importa. Lo único cierto, es la peculiaridad de la nueva visión que te ofrece la franja horaria calzada en calcetines de colores complementarios. La superposición de lo abstracto en una plantilla. Lo mismo, de manera diferente.

La 1 : Sigues en pie. Sigue todo. Llevas el nudo bien apretado. Algún mechón rebelde lo tapa, a medida que te mueves, y giras, y saltas, y chillas, y callas, y lloras, y ríes, ... cada vez que peinas el marco con las pestañas.

Las 2 : Cada vez entrecierras más las ventanas. Notas el aire más frío, y el desánimo te pide que te marches."Vuelve a casa". Le contestas que no, cuando te das la vuelta al oír un tintineo a tu espalda, y buscas aquello. "¡Oh!" es lo que aciertas a decir cuando descubres una idea bailando en medio de la plaza, a la música de la mezcla de la luz de la Luna y la farola.

Las 3 : Mientras te abstraes de cuanto te rodea, de las voces, de los brillos, es cuando acude a tu oído un susurro. Algo casi imperceptible. Apenas audible, aún estando en el más perfecto silencio. Pero te obstina la idea de haber encontrado una brisa jugando con tu tímpano. Un toque de color. Un hielo recorriendo tu espalda un 3 de Agosto.

Las 4 : Quienes te rodean, empiezan a atreverse a decir que te estás obsesionando. No haces otra cosa que exigir quietud, para poder encontrar el destello del sonido. Te agachas pegando la oreja al asfalto frío y sucio. No te importa ensuciarte. Te importa lo más mínimo las malas lenguas. El énfasis que ponen en cortarte el pelo, pintártelo de colores feos y ponerte bigote. Da lo mismo. "¡Ah!" Has percibido un nuevo zumbido.

Las 5 : Sin perder más tiempo, echas a correr tras la estela de deseo que deja en tu cabeza. Puede que el nudo esté excesivamente apretado. No importa. Debes alcanzarlo. De repente, llegas al final del rumor. Te das cuenta de que has ido con los ojos cerrados durante todo el trayecto, aún a riesgo de tropezar. No sabes dónde estás. Tampoco te importa en el primer instante en que requieres de la atención de tu pupila sobre el escenario y su público. Estás en una playa. Más concretamente, con el mar cubriéndote hasta la altura de la cintura. Hasta ese momento, cuando la fisionomía de tus ojos descubren el fenómeno, que notas la corriente arrastrándote y el golpe acompasado de las olas.

Las 6 : Estás en estado de shock. No sabes bien si retirarte y dejar que el oleaje te eche de menos, o quedarte allí para siempre, aún a riesgo de que la marea te engulla. Lo único que tienes claro, es que la Luna se irá en breves, y que le cederá su puesto al Sol, para que monte guardia, independientemente de tu decisión.

Las 7 : Por otra parte, sigues pensando que a la Luna le quedan unos minutos. Como te gustaría estar allí arriba. Descubrir todas sus caras, y poder ponerle nombre a todas y cada una de ellas, y jugar con ellas al escondite.

Las 8 : El satélite está afinando sus últimos segundos de dominio sobre el azul. Entonces, te das cuenta de que sigues en el mar. De que tienes los dedos de los pies arrugados, y no sabes si vas a ser capaz de volver a la orilla. Has estado mucho tiempo encandilado en la luz lunera, y elucubrando conspiraciones abstractas sobre los rayos del némesis de esta.

Las 9 : Ya está bien. Decides volver. Al principio, las piernas no responden. El nudo de la máscara, es cada vez menos tirante. Respiras hondo. Una, dos y tres. Una pierna detrás de otra, dándole la espalda al horizonte. Otra vez se repite. Cada vez las olas te ayudan más a avanzar; hasta que llega un momento, en que te dejas arrastrar, y son ellas las que te transportan hasta la orilla.

Las 10 : Te crees que aquella es la orilla que utilizaste como preámbulo para llegar al mar. Pues, cuando descubriste la inundación de tus piernas, ya habías sobrepasado aquel tramo con los ojos cerrados.

Las 11 : Sigues caminando por el nuevo terreno. Allí no encuentras ninguna fuerza que te empuje hacia ninguna dirección concreta. Así que sin saber donde ir, te dispones a dar vueltas y vueltas... y de repente, te paras. Miras fijamente en esa dirección, y te diriges hacia ella con paso firme. Si puedes seguir adelante, ¿Por qué no hacerlo?

Las 12 : Llegas al tope que te marca una puerta. Es de madera vieja, pintada de color granate venido a menos. Aún así, te invita a entrar. Dado que no tienes nada mejor que hacer, te aventuras y atraviesas el umbral. Una vez dentro de la habitación, te encuentras con las paredes desnudas, al igual que el suelo y el techo.
Llevas mucho tiempo con la máscara puesta. El nudo está a punto de darse por vencido. Coges la iniciativa, y con un sutil movimiento de muñeca, lo deshaces. Y en ese mismo instante, el cartón cae al suelo, y tus pestañas peinan, varias veces, hacia arriba y hacia abajo el aire que circula entre sus pétalos. La pupila se contrae al notar más luz reflejarse sobre ella.
Es de día, entra el Sol, aparece la ventana, la cama, la silla, el armario, la lámpara, la sábana que te apartas de la cara, y las zapatillas que esperan tus pies descalzos para empezar un nuevo día.
Despierta.